Raíces de nuestra industria petrolera: el legado de la Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira


Sentir del autor
Mi vida de petrolero me ha infundido una profunda pasión por la historia de nuestra industria nacional. En este particular, desde mi faceta de académico y escritor, siento el deber de enaltecer la hazaña de un grupo de emprendedores que materializaron lo inimaginable: la consolidación de nuestra primera empresa petrolera. Con una extraordinaria visión prospectiva, aquellos pioneros sentaron las bases fundacionales del sector de los hidrocarburos en el país. Hoy al cumplirse 148 aniversario de la creación de la “Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira”, presento este ensayo nutrido por el invaluable trabajo El camino de Petrolia, de mi gran referente profesional, el geólogo Aníbal Rafael Martínez Navarro (1927–2019), además de estar respaldado por una rigurosa revisión documental.
En este sentido, en vista de la reconfiguración del modelo energético venezolano, parafraseo y actualizo un extracto del discurso que el experto petrolero Martínez pronunció en 1978, cuando se cumplió el centenario de la fundación de La Petrolia:
Al cabo de ciento cuarenta y ocho años, aprendamos de Petrolia. Cuando estamos en presencia del renacer de la industria petrolera venezolana en este 2026, tengamos en la compañía tachirense de Pulido, González Bona, Baldó, Maldonado, Rincones y Villafañe, un modelo global, un objetivo múltiple, un haz de principios de brillante luz para iluminar el camino; para monetizar ese 19,3 % de las reservas de hidrocarburos mundiales que hacen del país una referencia energética ineludible, para construir bienestar y progreso para la población actual y generaciones futuras.
1. Introducción
Cuando se estudia el origen de la industria petrolera venezolana, con frecuencia la atención se concentra en los grandes descubrimientos del Zulia durante el siglo XX. Sin embargo, una mirada histórica más completa obliga a volver la vista hacia el Táchira y, en particular, hacia La Alquitrana. Allí surgió la Compañía Hullera del Táchira, posteriormente Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira, pero mejor conocida como La Petrolia, empresa pionera que abrió el camino de la exploración, refinación y comercialización del petróleo en Venezuela. Su importancia no radica tanto en el volumen de crudo que produjo, sino en su carácter fundacional: fue un proyecto concebido y desarrollado por venezolanos, en una zona de condiciones geológicas limitadas, en un contexto de enormes dificultades técnicas y logísticas.
La Petrolia representa el nacimiento formal de la industria petrolera nacional, establecida en la hacienda "La Alquitrana", a unos 15 kilómetros al suroeste de San Cristóbal y a ocho kilómetros al sur de Rubio, operó en el extremo de la cuenca sedimentaria de Maracaibo. Geológicamente, la acumulación de petróleo se encontraba en un pliegue anticlinal vertical y simétrico asociado a la formación "Mito Juan" del Cretácico Superior, caracterizada por mantos de lutitas de color gris oscuro. La modesta dimensión del yacimiento y su posición desfavorable en la cuenca marcaron desde el principio el destino y las limitaciones naturales del campo. A pesar de esto, La Petrolia tiene el inmenso mérito de haber sido la primera empresa petrolera integrada, creada y administrada exclusivamente por pioneros venezolanos.
2. El despertar de la Tierra, el terremoto de Cúcuta de 1875
El punto de partida de esta historia fue el terremoto de Cúcuta del 18 de mayo de 1875, uno de los sismos más severos registrados en la región andina. El evento afectó amplias zonas de Venezuela y Colombia; sin embargo, más allá de la devastación, el movimiento telúrico provocó fracturas geológicas profundas en la hacienda "La Alquitrana". Estas grietas permitieron que el petróleo, confinado en los estratos del subsuelo donde llevaba millones de años guardado, brotara espontáneamente a la superficie en forma de rezumaderos o "menes". Sobre la quebrada La Alquitrana y el río Quinimarí se extendió una película aceitosa que llamó la atención de quienes vivían y trabajaban en la zona. A partir de ese hecho, Manuel Antonio Pulido Pulido y el doctor Carlos González Bona vieron con mayor claridad el potencial económico de un recurso que hasta entonces solo aparecía como una curiosidad natural. Este tronar de la Tierra en 1875 cambiaría el destino industrial de la nación.
Desde la perspectiva de la estrategia energética, este fenómeno natural no fue procesado simplemente como una tragedia, sino como la revelación de una riqueza latente en una región que buscaba desesperadamente vías de modernización. Para los hacendados locales, la aparición de estos hidrocarburos fue la señal de una oportunidad estratégica para diversificar una economía hasta entonces cautiva del café. El pánico del sismo se transformó rápidamente en curiosidad científica y visión de mercado, forzando una transición inmediata de la observación geológica a la formalización legal de la que sería la primera empresa petrolera del país.
3. La génesis institucional y la concesión "Cien Minas de Asfalto" de 1878
Bajo un marco legal que permitía a los estados la libre administración de sus recursos naturales, Manuel Antonio Pulido ejecutó una maniobra audaz para un país aún marcado por las cicatrices de la Guerra Federal. El 3 de septiembre de 1878, obtuvo la concesión "Cien Minas de Asfalto" sobre un terreno de 100 hectáreas, aunque poco después, el 12 de octubre de 1878, se firmó el contrato privado de la sociedad que originalmente se llamó "Compañía Hullera del Táchira" y que luego adoptó el nombre oficial de "Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira", estableciendo un hito institucional: la primera estructura de desarrollo petrolero integral en Venezuela.
La solidez inicial de la empresa radicó en una distribución de capital y responsabilidades entre seis socios fundadores: José Antonio Baldó (255 acciones), Carlos González Bona (231 acciones), Manuel Antonio Pulido (192 acciones), José Gregorio Villafañe (109,5 acciones), Pedro Rafael Rincones (87 acciones) y Ramón María Maldonado (85,5 acciones). Estratégicamente, La Petrolia se diseñó como un modelo de "micro-integración" que abarcaba desde la extracción hasta la venta al detal, una sofisticación inusual para la época. La compañía quedó formalizada en el registro de San Cristóbal en 1882 con un capital social de 100.000 bolívares, dividido en 1.000 acciones. El Estado Nacional poseía 40 acciones y el resto se distribuyó entre los socios capitalistas y el socio industrial, es decir, es el primer antecedente de una empresa mixta petrolera, entre el privado y la República.
Este paso fue decisivo porque convirtió una expectativa en una organización concreta. La Petrolia nació desde el comienzo con una aspiración integral: no solo extraer petróleo, sino también refinarlo y vender sus derivados. En eso reside buena parte de su originalidad histórica. No fue una experiencia aislada de aprovechamiento artesanal, sino el primer intento venezolano de construir una empresa petrolera en el sentido moderno de la palabra.
4. La odisea tecnológica de Nueva York a los Andes (1879-1880)
La brecha tecnológica de finales del siglo XIX exigía una transferencia de conocimiento de alto nivel. En este sentido, uno de los rasgos más notables en La Petrolia fue la voluntad de aprender e incorporar tecnología; por ello, en marzo de 1879, Pedro Rafael Rincones viajó en calidad de socio industrial a los Estados Unidos, su misión en Titusville y Bradford (Pensilvania), entonces símbolos del desarrollo petrolero mundial, fue estudiar la naciente industria y adquirir maquinaria moderna. Es así como, Rincones, convertido en el primer técnico petrolero venezolano, se sumergió en el aprendizaje de la química de refinación y las técnicas de perforación.
En ese viaje adquirió un equipo de perforación portátil sistema Star N. 25 (fabricado por la Pierce Well Excavator Company) y un tren de destilación, iniciando una odisea logística sin precedentes para trasladar la maquinaria desde Nueva York hasta La Alquitrana. Las pesadas herramientas viajaron por mar hasta Maracaibo, luego vía lacustre y fluvial hacia el sur del Lago de Maracaibo, al puerto de Encontrados, y de allí hasta El Palotal, población fronteriza situada en el estado Táchira. Posteriormente, fueron trasladadas a lomo de mulas y en carretas tiradas por yuntas de bueyes a través de las montañas.
5. El ingenio criollo dio paso a Eureka (1883) y "The Petrolia Star"
El ingenio y astucia de Pedro Rafael logró ensamblar el taladro importado, adaptándolo maravillosamente a su entorno: para evitar el gasto en costosos motores de vapor, construyeron una imponente rueda hidráulica de cinco metros de circunferencia que, movida por las aguas locales, accionaba el balancín de perforación. Fruto de la apuesta por la excelencia técnica, se culminó en marzo de 1883 con la perforación exitosa del pozo "Eureka", el cual, a 60 metros de profundidad, validó la capacidad del ingenio venezolano para dominar la complejidad del subsuelo, alcanzando una producción de 230 litros diarios de crudo. Años más tarde se perforó el pozo "Salvador" y diversas calicatas, sumando en la historia del campo entre 15 y 20 pozos productivos de poca profundidad a lo largo de los años de operación.
Esta evidencia histórica demuestra que la empresa implementó la ciencia más avanzada de su tiempo. El uso del taladro Star N. 25 situó a La Petrolia en la vanguardia operativa global, equiparable a las operadoras estadounidenses de la década de 1880, pero la empresa no solo fue pionera en hierros y crudo; también lo fue en las comunicaciones. El dinámico Pedro Rafael Rincones fundó y redactó el primer periódico institucional y petrolero de nuestro país: The Petrolia Star. A través de este pintoresco manuscrito de cuatro páginas, firmado bajo el pseudónimo de "Mr. Corner", Rincones contaba con un agudo sentido del humor las anécdotas, el día a día y las visitas que recibía el campamento.
6. La era comercial: el mercado del kerosén a lomo de mula
La Alquitrana se consolidó como un desarrollo industrial autosustentable donde la refinación local se convirtió en el motor del progreso regional para el Táchira y el Norte de Santander colombiano. Para 1882, la empresa ya había construido una refinería rudimentaria con unos 2.000 litros diarios de capacidad, alimentada con crudo que se extraía con baldes de rústicas excavaciones, e incluso llegaron a lanzar cobijas andinas al fondo de los pozos para que absorbieran el líquido y luego exprimirlas a mano.
El crudo extraído de color negro verdoso y fuerte olor, bajaba por gravedad a través de canales de bambú o tuberías hacia una planta de refinación situada a 500 metros del área de extracción. El proceso de destilación primaria se llevaba a cabo en calderas de hierro que operaban con hornos de leña o carbón vegetal, tomando aproximadamente 16 horas por lote. El proceso permitía obtener productos comerciales valiosos; de hecho, el catálogo de ventas de La Petrolia era asombroso para la época: ofrecían bencina (gasolina), gasoil (entonces conocido como carbolina), alquitrán y su producto estrella absoluto: el kerosén.
Este kerosén tachirense era sumamente apreciado para el alumbrado al ser purificado con ácido sulfúrico y soda cáustica, lo que garantizaba que ardiera con una luz brillante y sin humo, ideal para la iluminación de hogares y espacios públicos. La comercialización se realizaba en latas cuadradas de cinco galones fabricadas por la misma empresa. Inicialmente, la distribución dependió de recuas de mulas para llegar a Rubio, San Cristóbal y Santa Ana, logrando exportaciones hacia las localidades colombianas de Cúcuta y Pamplona. Tras la inauguración de la carretera a San Cristóbal en 1930, el transporte se modernizó mediante el uso de un camión apodado "El Putumayo".
Esta operación no fue una mera curiosidad técnica, sino un éxito comercial estratégico. El "Kerosén de Petrolia" revolucionó la vida cotidiana al proporcionar una luz blanca y constante, desplazando los aceites vegetales y las velas. La Petrolia generó la primera corriente de comercio exterior petrolero de Venezuela, demostrando que era posible gestionar un modelo de negocio integrado que alimentaba la economía local mucho antes del auge de las transnacionales.
7. El ocaso de los pioneros, el contrato Brown y la extinción (1928-1934)
Como suele ocurrir, el tiempo trajo consigo el final de un ciclo. La decadencia de La Petrolia fue gradual, dictada tanto por las dimensiones limitadas del yacimiento como por el inevitable recambio generacional. Don Manuel Antonio Pulido falleció en 1892, y poco a poco le siguieron los demás visionarios fundadores que habían empujado el proyecto original.
A la par de estos adioses, a partir de 1914, el escenario petrolero nacional cambió profundamente. La perforación del Zumaque 1, el desarrollo de la refinería de San Lorenzo en 1917 y, más tarde, el reventón del Barroso 2 en 1922, colocaron a Venezuela en otra escala productiva. Desde entonces, la industria comenzó a estar gestionada por grandes capitales extranjeros, mayores volúmenes de extracción y nuevas lógicas empresariales. En ese contexto, La Petrolia fue quedando progresivamente rezagada; frente a las cifras astronómicas que manejaban ahora las transnacionales, la modesta producción tachirense quedó eclipsada.
En un último esfuerzo por reflotar las operaciones hacia 1928 se contrató a un ciudadano norteamericano llamado Clarence John Brown para intensificar la explotación del campo. Brown realizó nuevas perforaciones y procuró reorganizar la producción y la distribución. Sin embargo, los propios informes técnicos de la época indicaban que la estructura geológica del área no ofrecía perspectivas de una producción abundante. En otras palabras, la empresa luchaba no solo contra la competencia externa, sino también contra los límites naturales del subsuelo.
Oficialmente, tras 55 años de historia la concesión de La Petrolia expiró el 8 de abril de 1934, poco después, el 26 de febrero de 1935, se convocó a una asamblea extraordinaria con el propósito de proceder a la liquidación de la empresa. No obstante, la historia cerró con un último acto de drama: en junio de 1938, Dolores Pulido de Brown (hija de don Manuel Pulido y esposa de Clarence John Brown), en un intento desesperado por preservar la soberanía de la empresa familiar, intentó pagar los impuestos sobre una concesión ya extinguida. El Estado venezolano, bajo una nueva doctrina de centralización petrolera, rechazó el pago y selló definitivamente el destino de la pionera. Finalmente, el Ministerio de Fomento dejó constancia formal que los derechos y títulos de la concesión se habían extinguido cuatro años antes y ordenó recibir las obras e instalaciones que revertían a la Nación.
Las referencias indican que, pese a la extinción legal, Dolores Pulido siguió intentando rescatar el proyecto y, en medio de enormes dificultades, todavía hubo ventas de kerosén y refinación menor hasta 1945. Jurídicamente La Petrolia había terminado; espiritualmente, sus herederos se negaban a verla morir.
8. Legado: Monumento Histórico Nacional y creación del Parque Histórico
Aunque las calderas se apagaron y el campamento quedó a merced de la maleza, el alma de esta gesta se negó a desaparecer. En un bellísimo gesto de arraigo e identidad, a finales de 1974, las sucesiones de las familias Pulido Méndez y Pulido Musche formalizaron la donación a la Nación de las tierras de "La Alquitrana", un espacio de 54.300 metros cuadrados. Ese mismo año, la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación emitió una resolución declarando el sitio como Monumento Histórico Nacional, otorgándole así la figura jurídica necesaria para proteger sus invaluables ruinas industriales.
Posteriormente, luego de cuatro años en el marco del centenario de la fundación de la empresa en 1978, se acondicionó el área y se inauguró el Complejo Histórico-Turístico, conocido popularmente como Parque La Petrolia. De esta manera, el espacio evolucionó armónicamente: mantiene su estatus legal de monumento, funciona como un parque de esparcimiento natural y cumple la misión de un museo a cielo abierto para preservar y exhibir el testimonio de aquel primer esfuerzo industrial que iluminó el camino del petróleo en Venezuela.
9. La Petrolia renace en el siglo XXI
Durante el siglo XXI el Parque y Monumento Histórico La Petrolia del estado Táchira ha sido objeto de una esperanzadora recuperación impulsada por el Estado venezolano, la cual inició con el justo respaldo simbólico e institucional de PDVSA para reivindicarlo como cuna de la industria petrolera nacional y evolucionó hacia el trabajo directo con el poder popular. Esta dinámica de rescate cobró gran fuerza a partir de 2021, cuando instituciones como Inparques, el Ministerio de Ecosocialismo y las autoridades regionales, en articulación con las comunidades organizadas, lideraron exitosas jornadas de saneamiento ambiental, reacondicionamiento de espacios recreativos y reactivación de viveros.
El fortalecimiento de su valor ecológico y turístico sentó las bases para el ambicioso plan de intervención integral anunciado en 2024, orientado a la remodelación y puesta en valor del monumento, consolidando así el compromiso del Gobierno Nacional con la preservación del patrimonio cultural y natural, y transformando definitivamente a La Petrolia en un vibrante epicentro educativo donde la participación ciudadana celebra con orgullo nuestro legado pionero.
10. Reflexiones finales: homenaje a una hazaña civilizatoria
El legado de La Petrolia trasciende la mera estadística extractiva; representó un proyecto de modernidad regional nacido de la voluntad civil. Los seis fundadores; Pulido, Baldó, Maldonado, González Bona, Villafañe y Rincones, no solo extrajeron petróleo, sino que encendieron una "luz para iluminar el camino", como bien señaló el recordado Aníbal Rafael Martínez Navarro, fueron modelos empresariales que dominaron la tecnología del momento con absoluto ingenio criollo.
La trascendencia de esta empresa radica, además, en su carácter auténticamente nacional. Fue una iniciativa concebida, impulsada y sostenida por venezolanos, y en ello reside buena parte de su grandeza. Mucho antes de la nacionalización petrolera de 1975, esta empresa ya había demostrado que el país poseía talento técnico, sentido estratégico y voluntad empresarial suficientes para asumir la complejidad de la actividad petrolera. Por eso, toda cronología seria del petróleo en Venezuela debe reconocer en La Petrolia un punto de partida insoslayable: el testimonio fundacional de una identidad energética que no surgió primero de la concesión extranjera, sino del coraje, la curiosidad y la determinación de unos pioneros que supieron transformar una señal de la naturaleza en una obra de progreso.
Hoy, cuando somos partícipes de la reconfiguración del modelo energético venezolano y testigos de la esperanzadora recuperación patrimonial y ecológica del parque en este siglo XXI, debemos rememorar este importante hito histórico. No como un simple ejercicio de nostalgia, sino afirmando que su experiencia nos recuerda que el aprovechamiento del petróleo cuando se articula con visión nacional, conocimiento técnico y sentido de responsabilidad colectiva, es un pilar fundamental para el bienestar de la población. Su actual transformación en un vibrante epicentro formativo confirma que su legado pionero no es un recuerdo estático, sino un componente vivo que forja el orgullo, es reconocer que desde entonces el petróleo forma parte integral de la identidad nacional de la población contemporánea.
Germán José Márquez Gil
Con Corazón Petrolero














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