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Petróleo, China y el Estrecho de Ormuz

Foto del escritor: Lenín David Rodríguez A.
Lenín David Rodríguez A.
11 mar
6 min de lectura

Actualizado: 12 mar


Lenín David Rodríguez A. Abogado y Licenciado en Geografía, con Post Grado en Derecho y Política Internacional de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Profesor de la Materia Geopolítica del Petróleo en la UCV y Docente invitado de Notabilis Energy, Empresa Internacional de Adiestramiento, especializada en el Área de Hidrocarburos. Asesor en la Industria Petrolera.



En días pasados y ante el ataque sostenido, de USA e Israel, sobre el territorio de Irán, el gobierno por intermedio del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución iraní, ha decidido cerrar la navegación en el Estrecho de Ormuz, en un operativo militar denominado «Cinturón de Seguridad Marítima 2026». y de esta manera tratar de impedir, que los 20 millones de barriles diarios y sus derivados que circulan por esa zona, no alcancen su destino. Sin embargo, la estrategia militar norteamericana, en base a su planificación estratégica de esta intervención, ya manejaban como un escenario, que una vez iniciada las acciones bélicas, el estado de Irán, procedería a cerrar el paso en el estrecho y es por ello, que a pocas millas náuticas, dos portaaviones estadounidenses —el USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford— navegan hacia la misma franja de agua, siendo este punto conocido como el Estrecho de Ormuz, por la cual transita cada día el equivalente al veinte por ciento del consumo mundial de petróleo. De igual manera, el Presidente Trump se adelantó a cualquier negativa de los transportistas y ofreció seguros de navegación y escolta militar, por parte de la flota marítima desplegada en el golfo, con la intención, que el flujo de crudo del resto de los países productores de la región, léase: Arabia Saudita, Iraq, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar; no se viera afectado por la acción del gobierno Iraní. Pero si levantamos la mirada y contextualizamos estas acciones a nivel mundial, debemos destacar que China, termina siendo el país más perjudicado por esta acción bélica, motivado a que su baja producción, en comparación con sus dimensiones territoriales, su población, la cual ya supera los mil millones quinientos mil habitantes, y su baja producción de petróleo, la cual alcanza a 4.3 millones de barriles día (bpd). China es el mayor comprador de petróleo iraní en el mundo, adquiriendo más del 90% de las exportaciones totales de crudo de Teherán, su volumen de importación, entre 2025 y principios de 2026, compró un promedio de 1,3 a 1,4 millones de barriles diarios de crudo iraní. Estas compras representan aproximadamente el 13% al 14% de las importaciones totales de petróleo de China, en este punto debemos destacar, que el crudo iraní suele venderse con un descuento de $8 a $10 por barril respecto al Brent para compensar los riesgos de las sanciones. Oficialmente, las aduanas chinas a menudo no registran estas compras como origen Irán; este petróleo sancionado, se maneja desde una estrategia diferente, la cual consiste en que China compra por debajo del precio de mercado, se paga en yuanes, no en dólares, y se transporta mediante una «flota fantasma» de petroleros con transpondedores desactivados que realizan trasbordos en aguas de Malasia e Indonesia, y suele ser reetiquetado como proveniente de los países antes mencionados, específicamente en el denominado Estrecho de Malaca.


Las cifras son contundentes y hablan por sí solas, las importaciones de crudo de China alcanzaron un récord de 11,6 millones de barriles diarios en 2025. Aproximadamente la mitad de todo ese crudo procede del Golfo Pérsico y atraviesa Ormuz. Además, el 29 % de las importaciones chinas de gas natural licuado proviene de Qatar y Emiratos Árabes Unidos, exportaciones que también pasan por el Estrecho. China es el mayor comprador de crudo iraní, más del 80 por ciento del petróleo que Irán exporta acaba en refinerías chinas, fundamentalmente en las pequeñas refinerías independientes de la provincia de Shandong, conocidas como «teteras». Estas instalaciones operan con márgenes muy estrechos y dependen del crudo iraní, que se vende con descuento respecto al precio de mercado, precisamente porque las sanciones estadounidenses han eliminado a cualquier otro comprador serio. Los volúmenes son significativos: entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios fluyeron de Irán a China a lo largo de 2025, lo que representa aproximadamente el 13-14 por ciento de las importaciones totales de crudo chino por vía marítima. Para Pekín, cada barril iraní, que China compra cumple una triple función: alimenta su aparato industrial, impacta la hegemonía del dólar en el comercio energético, y envía a Washington el mensaje, que Pekín tiene la voluntad y la capacidad de desafiar su política de sanciones.


Existen razones por las cuales China valora su relación con Irán, sin duda que la primera y sobre la cual pivota el entendimiento Chino-Iraní, es la seguridad energética, que provee el país persa y otra es, que Irán sirve como puerta de entrada, para que China proyecte mayor influencia en el suroeste de Asia, de igual manera debemos destacar, que cada portaaviones desplegado frente a las costas iraníes, aleja la posibilidad de verlo ubicado en el Mar de China Meridional. Es importante destacar, que está relación comercial no sólo está sujeta a la relación marítima, sino que China ha estado trabajando desde hace un buen tiempo atrás, en recuperar y poner en acción la denominada Ruta de la Seda, la cual uno de sus puntos de encuentro es Teherán, por tanto, esta relación Chino-Iraní, trasciende la relación de orden petrolera, y es la geografía la que entra en juego en esta situación geopolítica, y es que Irán ocupa una posición única en el mapa euroasiático. Irán se presenta como el puente natural entre Asia Oriental, Asia Central, Asia del Sur y Oriente Medio. Las tres rutas principales de la iniciativa del Collar de Perlas (ruta marítima) y la Ruta de la Seda (ruta terrestre) las cuales están conectadas con Irán. La primera cruza Rusia y cinco países centroasiáticos y controla rutas de tránsito a través de territorio iraní. La segunda conecta el Mediterráneo con el Golfo Pérsico. El acuerdo de cooperación a 25 años firmado en marzo de 2021 entre China e Irán alcanza los 400.000 millones de dólares de inversión china en infraestructura, puertos, telecomunicaciones y energía a cambio de petróleo con descuento— es el instrumento formal de esta visión.



Es cierto que las inversiones prometidas no se han materializado al ritmo previsto. Las sanciones estadounidenses siguen disuadiendo a las grandes empresas estatales y bancos chinos de operar abiertamente en Irán.


Si algo caracteriza a China, es que siempre plantea sus proyectos a largo plazo, desde hace tiempo atrás, invierte en Irán como quien invierte en un activo en dificultades, apostando a que los retornos futuros serán enormes, si algún día las sanciones se levantan y China tiene acceso sin restricciones a las cuartas mayores reservas de petróleo y las segundas mayores reservas de gas natural del planeta, además de un mercado potencial de 90 millones de personas con una economía relativamente diversificada. Dentro de sus análisis, consideramos que la arquitectura geopolítica de China del siglo XXI, evalúa todos los escenarios posibles, que se pueden presentar más adelante, entre los que debemos destacar. 1) Qué pasaría si el Estado iraní perdiera su validez y negociara una salida en está situación que vive actualmente, pareciera que la estrategia de China, debería enfocarse más por las réplicas internas, de una caída del gobierno actual, que por las consecuencias exteriores, lo importante sería mantener ante un nuevo gobierno, la fluidez del negocio petrolero. Entre otras razones porque un Irán pro-occidental significaría, potencialmente, el fin del petróleo barato fuera del alcance de las sanciones; un nuevo aliado de Washington en una región donde China ha invertido décadas en construir influencia y la pérdida de un punto vital de la Ruta de la Seda. 2) También existe el escenario contrario, igualmente temido: un Irán en descomposición, como la Libia posterior a Gadafi o la Siria anterior a 2024, que cierre Ormuz en su agonía y arrastre a la región a un conflicto, que dispare los precios de la energía y provoque una recesión global que golpee de lleno a la economía China. 3) Los planificadores chinos vigilan con igual atención una distensión negociada entre Washington y Teherán. Un nuevo acuerdo nuclear con garantías más robustas, devolvería el petróleo iraní al mercado internacional y desactivaría a Irán como palanca de presión para China. En estas premisas, pareciera estar el futuro del orden energético global y con él, la capacidad de China de seguir siendo la fábrica del mundo. Pekín lo sabe. Y por eso, pase lo que pase en las calles de Teherán, no pareciera una opción que China se desvincule de Irán.


Amanecerá y Veremos


Fuentes: El Mundo, Economía y Negocio, BBC Mundo, Real Instituto Elcano. Institute for International Policy Studies. Global Security. Wikipedia. Opinión | El Estrecho que ata a Pekín: Jorge Carrera. Global research. Oil Price. Rystad Energy. S&P Global.



1 comentario


watorres6
12 mar

Análisis claro, bien documentado. Nos hace ver la importancia de China cómo stakeholder clave en este mosaico complejo de la geopolítica actual en el Medio Oriente. Felicitaciones y muy agradecido profesor!


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