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Venezuela: Petróleo Y Diplomacia

  • Foto del escritor: Embajador Julio César Pineda
    Embajador Julio César Pineda
  • 27 feb
  • 7 Min. de lectura

De La Utopía A La Realidad.

 


  Por: Julio César Pineda


Durante seis años me correspondió como Embajador representar a Venezuela ante los Estados y Gobiernos de Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar, y en la República de Libia de Muamar Gadafi. Todos estados petroleros, los del golfo arábigo, monarquías en sus diferentes expresiones que han estado en permanente evolución hacia la modernidad y con un desarrollo continuado de la industria petrolera. Para estos gobiernos del golfo ha sido fundamental la siembra de petróleo y la diversificación de las energías; mientras que, para Libia con su revolución permanente dentro de un autoritarismo y modelo estatista, se perdió la oportunidad de la distribución de esa riqueza entre sus habitantes. En Kuwait, Catar y Emiratos, conocí el éxito del modelo petrolero con la creación de fondos soberanos como el Kuwait Investment Authority o el Qatar Investment Authority con lo cual han invertido las ganancias del crudo en mercados globales en favor de sus pueblos, no solo venden petróleo, sino que compran ciencia y tecnología; ellos comercializan los hidrocarburos con todo el mundo al margen de su ideología, su política y su economía. El éxito de estos modelos se basa en la seguridad jurídica y la apertura. Convirtieron desiertos en centros financieros, turísticos y tecnológicos. Recientemente, en este periódico describía a Catar como la Manhattan del desierto. Ellos han usado su riqueza natural para el bien común de sus ciudadanos, delineando un futuro más allá de los hidrocarburos hacia energías alternas. En su diplomacia han utilizado su petróleo y su gas para aplicar no solo la diplomacia tradicional bilateral y multilateral, sino el Soft Power de una política exterior ejemplar. Es un paradigma que se equipara al de Noruega en la conducción de la industria petrolera y el beneficio directo de los ciudadanos.


 En el caso de Libia, el paso de la monarquía hacia la República con el liderato exclusivo y mesiánico del Coronel Gadafi, y bajo el modelo de la Yamahiriya (Estados de Masas y Comunal), el Petróleo se utilizó solo como palanca política del régimen en lo nacional e internacional. Gadafi desmanteló las instituciones formales para crear un sistema basado en su Libro Verde, cambiando la constitución u los símbolos de la patria; el resultado fue una economía rentista que solo privilegiaba a la élite gobernante, dejando de lado la profesionalización y para financiar proyectos ideológicos en África y el mundo, en lugar de diversificar la economía interna y hacer del petróleo el pivote para el desarrollo de una economía con justicia y libertad. Mientras en el Golfo se construían universidades de élite y puertos, en Libia la riqueza se diluía en una burocracia ineficiente y en el sostenimiento de un aparato militar y político que no sobrevivió a su líder. Hoy  esa república vive una situación de crisis permanente y los ciudadanos libios están tratando de  construir un sistema de gobierno democrático y una economía sostenible y sustentable. Frente a la utopía del modelo Libio, es indudable que cualquier diplomático que conozca la región preferiría en sus informes a sus cancillerías, y a sus gobiernos recomendar el camino realista y pragmático de estos emiratos que han seguido ininterrumpidamente su desarrollo económico y social. Así lo hicimos cuando desempeñamos nuestra representación diplomática, del año 1990 a 1993 en estos 3 estados árabes y de 1997 al 2001 en Libia. En el intermedio de 1994 al 1997 estuve como Embajador en Korea del Sur. Otro esquema extraordinario de desarrollo con libertad y justicia frente al dictatorial del Korea del Norte. Sobre esto escribiré en otra oportunidad.


La diplomacia de Catar, EUA y Kuwait se ha desarrollado en armonía con el sistema internacional y dentro del pluralismo social y jurídico de la comunidad mundial. Mientras que el modelo de confrontación constante de Gadafi con Occidente propio de todo maniqueísmo terminó por asfixiar el potencial libio, señalando que el petróleo libio es de altísima calidad y con una población pequeña (en mi época uno 6millones de habitante con una producción de 3 mlones de barriles diarios). Libia quedó como un ejemplo de cómo la riqueza petrolera, sin visión de Estado y sin instituciones, puede convertirse en “el estierco del diablo". Que en este caso el final del líder único terminó en fragmentación tras 40 años de estancamiento. Mientras que en el Golfo los gobiernos entendieron que las compañías petroleras internacionales eran socios estratégicos necesarios para la transferencia tecnológica y el acceso a mercados. En el Golfo se crearon empresas nacionales de energía que operan con estándares corporativos globales, permitiendo una simbiosis con el capital extranjero que ha garantizado la inversión continua y la modernización de los campos.


La soberanía de un estado petrolero no se ejerce cerrando las puertas y construyendo muros, sino negociando desde una posición de fortaleza institucional. El éxito del Golfo, demuestra que se puede ser el dueño del recurso y, al mismo tiempo, el socio más confiable del mercado global. Libia, lamentablemente, nos dejó la lección contraria: el petróleo sin diplomacia es una riqueza que se evapora.


En mi experiencia como Embajador, pude constatar dos realidades opuestas nacidas del mismo recurso del petróleo. Por un lado, el éxito rotundo de Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Estas naciones no solo "sembraron el petróleo"; construyeron instituciones. Entendieron que la riqueza es efímera si no se traduce en fondos soberanos, en seguridad jurídica y en una apertura inteligente al capital global. El Golfo hoy no es solo una gasolinera mundial; es el epicentro de la mediación diplomática, la tecnología y el turismo de lujo.

El doloroso ejemplo de la Libia de Muamar Gadafi, durante 42 años y con el petróleo de mayor calidad del Mediterráneo y más cercano a Europa fue un fracaso su gestión con una república aérea (un país portátil) que obligara a una transición con más razón que emoción, con más pragmatismo que idealismo. El modelo de la "Yamahiriya" demostró que la ideología sin instituciones es un castillo de naipes. Mientras el Golfo construía puentes con el tablero de ajedrez mundial, Gadafi optó por el aislamiento y el personalismo. El resultado es una lección histórica que Venezuela debe observar con atención: la soberanía no se defiende con retórica, sino con una economía robusta y una diplomacia pragmática.


En los cursos que impartimos de la Academia Diplomática Euro-Americana  (ADEA) cuando estudiamos el Medio Oriente obligatoriamente tenemos que tocar el tema del petróleo y la Geopolítica de la Energía. Es una referencia permanente, tanto el Medio Oriente Árabe como sus otras expresiones con Turquía, Irán e Israel.


Para comprender la dinámica del mundo actual, es imperativo realizar una disección profunda del Medio Oriente. No basta con observar la superficie de sus conflictos o el brillo de sus rascacielos; es necesario entender su anatomía —la estructura de sus potencias, sus fronteras y sus recursos— y su fisiología —el funcionamiento de sus alianzas, sus corrientes religiosas y el flujo incesante de su energía—. Permanentemente, desde la plataforma de Brújula Internacional, en televisión, radio y prensa, nos adentramos en el análisis de una región que, lejos de ser un desierto estático, es el organismo más dinámico, complejo y, por definición, explosivo de la Tierra.


La anatomía del Medio Oriente está compuesta por tres grandes núcleos que dictan el equilibrio de fuerzas. En primer lugar, el Mundo Árabe, con las monarquías del Golfo a la cabeza: Kuwait, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, representan los órganos vitales de la economía financiera global.


Estas naciones han transformado su fisionomía, han pasado de ser protectorados de arena a convertirse en los pulmones que oxigenan el sistema bancario y energético mundial. Su estructura es la del pragmatismo y la visión de futuro.

En contraste, insistimos el espejismo de fracasos del modelo libio bajo Muamar Gadafi, el país sufrió una atrofia institucional que, tras la intervención de la OTAN, derivó en una fragmentación traumática. Libia es el ejemplo de cómo un órgano vital puede colapsar cuando sus tejidos institucionales son reemplazados por la voluntad de un solo hombre.

Finalmente, Venezuela y su política petrolera debe estar orientada más hacia el paradigma de los Estados del Golfo que están en la misma dirección de países europeos petroleros como Noruega y alejarse de los modelos estatistas y rentistas como el que conocimos en la Libia de Gadafi.


La nueva legislación venezolana, con la reciente reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2026, marca un cambio de paradigma y creo que intenta acercarse más a la eficiencia y pragmatismo de los estados del Golfo incluyendo a Arabia Saudita y el modelo Institucional de Noruega, alejándose de la politización y el estatismo de los últimos años, por eso se pone fin a la hegemonía operativa de PDVSA, igualándose a las monarquías del Golfo, porque se permite que empresas privadas asuman la gestión técnica y operativa de los proyectos. Se permiten los contratos de participación productiva donde las compañías privadas operan a su costo y riesgo, igual que lo conocimos en el Medio Oriente petrolero.


Este nuevo marco jurídico da una estructura fiscal mas competitiva para buscar capital en un entorno de alto riesgo. Por primera vez, los socios privados podrán exportar y vender directamente el petróleo y el gas, quitándole el monopolio de comercialización a PDVSA.

Una dimensión nueva en lo jurídico, es la restitución del proceso de arbitraje internacional y la seguridad jurídica necesaria a la inversión extranjera.


La Venezuela petrolera de hoy, como en el cuadro de la Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio, encarna más la visión de Aristóteles señalando hacia el realismo y el pragmatismo, y se aleja del idealismo de Platón señalando al cielo y a las nubes. Estamos en el camino correcto y podríamos llegar hacer el país soñado por Bolívar con Moral y Luces una economía sólida y una democracia, con justicia social, pluralismo y bien común para todos y cada uno de los venezolanos. Podríamos superar porque tenemos todas las condiciones a los estados árabes, Turquía, a Irán e incluso Israel. Podríamos ser  no solo un medio oriente sino un polo que ilumine a todo el occidente cumpliendo con las exigencias de la revolución francesa: Libertad, Justicia y Fraternidad.


 

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